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¿Por qué son tan pegadizas algunas canciones?

¿Por qué son tan pegadizas algunas canciones?

¿Quién no conoce temas como La Barbacoa, El tiburón o Baila el Chiki Chiki?

Da igual nuestros gustos musicales, nivel cultural o edad. El objetivo de estas canciones es crear música para convertirse en un éxito con melodías sencillas y pegadizas. Música para discotecas, música para pubs, nadie hemos podido evitar que se nos cuelen en nuestra mente estos acordes y acabar tarareando sus estribillos como si nuestro cerebro fuera una manzana y un gusano musical se hubiera alojado en él.

Pues así es efectivamente como se llama este fenómeno: gusano auditivo o neurogusano. Habla de ello el neurólogo Oliver Sacks en su libro Musicofilia, llegando a comparar el neurogusano con “un tic o un ataque”.

De algún modo, las notas musicales de la canción nos han infectado, como si fueran un virus. La razón de que nuestro cerebro sea tan proclive a dejarse contaminar por canciones como éstas (generalmente un poco bobas) es que nuestra mente trata de completar una melodía inconclusa (según algunos psicólogos) o sencillamente es la manera de que la mente siga trabajando mientras está ociosa (según otros).

Otra corriente que intenta explicar este fenómeno es a través de la memética, teoría que propone que la existencia de los memes (unidades de una cultura que pueden considerarse transmitidas por medios no genéticos, especialmente por imitación)

Susan Blackmore, catedrática de Psicología en la Universidad West of England, en Bristol, sostiene, al igual que el zoólogo Richard Dawkins, que los memes son todo lo que se transmite de una persona a otra mediante la imitación:

Ello incluye el vocabulario que utilizamos, las historias que conocemos, las habilidades que hemos adquirido gracias a otros y los juegos que preferimos. También hay que tener en cuenta las canciones que cantamos y las leyes que acatamos. Por lo tanto, cuando conducimos un coche por la izquierda (o por la derecha), tomamos cerveza con curry hindú o coca-cola con pizza, cuando silbamos el estribillo de un «culebrón» televisivo o estrechamos la mano a alguien, estamos tratando con memes.

Los memes se esparcen sin discriminar. No importa su beneficio o su perjuicio intrínseco. De hecho, pueden ser estéticamente horripilantes, como la canción del verano: en día le pareció pegadiza o agradable a un determinado número de personas, pero ahora, aunque se nos haya atragantado, basta que oigamos las primeras notas para que ya no podamos evitar tararearla. Literalmente, estamos contaminados por ella hasta probablemente el resto de nuestra vida.

Los mecanismos imitativos de la mente son un caldo de cultivo excelente para copiar tonadas. Si una de ellas consigue ser tan popular como para que se incruste en un cerebro y posteriormente transmitirse a otro, lo hará. Si resulta ser extremadamente popular, cantable, recordable, silbable, tiene muchas probabilidades de transmitirse a muchos cerebros. (…) Todo este cantar no tiene ninguna ventaja para nosotros ni para nuestros genes. Sentirse perseguido por esas horribles tonadas es, simplemente, una consecuencia inevitable de poseer un cerebro capaz de imitarlas.

Según estos estudios, podemos comprender  porqué algunas canciones tan sencillas o incluso estúpidas llegan a popularizarse tan rápidamente y no podremos olvidarlas con el paso del tiempo. Sencillamente pueden acceder a más cerebros. Además, las melodías sencillas o repetitivas son más fáciles de recordar y su propagación por emisoras de radio, televisión, discotecas o pubs hace que no podamos escapar de ellas.

 

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